martes, 20 de enero de 2009

Piquito de pollo

Mi nombre es René



Soy... Asesino



En lo personal nunca me gustó Eugenio Derbez, pero a comparación de otros comediantes pues si me resulta chistoso y creativo, claro esa también es labor de su equipo.

Había algo que especialmente me causaba una risa absurda en su programa “Derbez en cuando”: la gallina que salía en cada cortinilla y que cacareaba toda asustada aunque seguramente el sonido ya estaba grabado.

Hay como extraño ese pollo… me acuerdo de… me acuerdo de… Ah sí, me acuerdo del pollo. Si del pollo rostizado que compraba en “Miguel Ángel de Quevedo” esquina “Juárez” cuando no quería guisar o no tenía tiempo. Y qué pollo: enchilado, con su arroz rojo con menudencias, su salsa cruda que estaba en su punto, sus tortillitas y su Coca colota de dos litros y todo por setenta y tantos pesos. Claro que hay más baratos pero el precio lo vale en calidad y cantidad.


Ah como extraño el pollo, porque aquí en los Países Bajos no comen pollo, y no crean que pasó por la gripe aviar, no lo comen porque está muy caro, y como el dinero no llueve en México yo “por supollo” he renunciado a él.

La costumbre es otro factor determinante, lo saben comer claro, pero no lo saben guisar y pos mal hecho ni se antoja.

Tan desacostumbrados están al pollo que cuando lo compran simplemente no soportan la idea: 1, de comérselo con las manos y 2, de que tenga huesos.

Anécdotas hay muchas pero el colmo lo viví un día que tuvimos que comprar comida en el “Snackbar” donde venden “bocadillos”, todos fritos, y donde las reinas siempre son y serán las papas.
Entre el montón de salchichas logré distinguir algo que parecía unas piernitas de pollo empanizadas al estilo “kentuky”; yo pensé: “no hay pierde”. Me dan mis papas fritas (con mayonesa, con cátsup es para gringos) y cuando me dan mi piernita frita y la muerdo me llevo la sorpresa de mi vida: era un puré de algo que no sabe ni remotamente a pollo; pero aquello donde debería estar un huesito no era nada más y nada menos que ¡un palo para brocheta!, ¿así, o más artificial?

Yo entiendo que las madres de acá estén más emancipadas, que a comparación de las de allá, pues estas todavía se pueden dar el lujo de parir un manojo de hijos, tener una carrera, esposo, ir a la iglesia, hacer caridad, tener visitas sociales y tiempo para tener jardines perfectos sin recurrir nunca a ese ejemplar del esclavismo mexicano que tenemos a bien llamar “la muchacha”, pero de ser moderno a ser huevón a una línea muy delgada. Ahora que ser hipócrita es algo que no se debe tolerar ni en México ni en donde sea.

Y hablando de hipócritas tenemos al Rob, quien siempre va de compras a un lugar que se llama “Albert Heijn” y que queda cerca de la casa, aunque los días que estoy con su mamá voy a otros que son infinitamente más baratos, digo yo, cada quien sus filias y si este cabrón se quiere gastar su salario ahí pues muy su lana, yo, mis centavos, tercermundista, endeudadísimo, prefiero ir al C1000.


Un día Rob y yo tuvimos un conflicto aviario, y es que el sólo compra “productos biológicos”, no siempre, a veces le gana su lado holandés; la cosa comenzó cuando me pidió ir por los huevos, pos yo agarré los que consideré más baratos, pero Rob me los cambió por que él sólo come huevos que vienen de gallinas que andan sueltas y no enjauladas.

El asunto de los “huevos de oro” llegó hasta la fiesta de cumpleaños de Wilfried; la casa llena de amigos y familiares y nosotros exponiendo el caso, yo le dije:

-“Liefde, yo entiendo el punto, pero la verdad se me hace algo hipócrita, en todo caso, no comas huevos porque son pollitos abortados, y que bueno que no comen pollo si no imagínense el conflicto: jufrow quisiera medio kilo biológicamente tratado; permítame un momento, seguramente el pollero les hace ‘caras’a las gallinas ¡BUUUH! Y las gallinas deben caer muertas de un ataque fulminante, para mi esas delicadezas son para gente de primer mundo que no sabe lo difícil que es ganarse la vida-.


Claro que todo este discurso filosófico fue acompañado de la fono/mímica correspondiente, así que cuando llegó la parte del ataque coronario de la gallina me suelto un ganillazo al más puro estilo de Eugenio Derbez que fue la delicia de Los Brink y sus agregados; de hecho cuando alguno me ve no falta quien me haga: BUUH, acto seguido debo repetir la rutina para no contrariar a los güeros que para ellos más que un libre pensador radical de izquierda moderada soy un comediante, ironías de la vida.

Ya en la casa Rob me dijo: “ríete todo lo que quieras, tu y mi familia, pero te voy a aclarar una cosa; los holandeses son y siempre han sido abusivos, lo quieren todo, lo quieren rápido y lo quieren barato y si no es en sus términos no les interesa”.



“Eso provoca que compremos productos baratos que vienen de lugares donde la gente es pobre y trabaja en condiciones deplorables por unas cuantas monedas. ‘Albert Heijn’ es más caro, es cierto, pero es la única compañía que asegura que los productos fueron procesados en lugares donde no se abusaron los derechos de la personas y recibieron un pago justo por su trabajo”.

“Y sobre los productos biológicos, es cierto, uno sigue comiendo carne pero eso no significa que no me interese que los animales tuvieron que viajar desde África, sin espacio ni oxigeno, asustadas y con las patas y el lomo rotos por las condiciones en las que fueron transportadas”.

“Yo puedo comprar esa carne más barata pero a ver si tú te puedes callar la boca cada vez que está oscuro y empiezas un griterío porque un carro atropelló un conejo o un pato en la carretera”.

Y así bajita la mano el werocomemole me dejó quieto, callado y de perfil y que me cierra el “piquito de pollo”. Así es damas y caballeros, porque desde que era un “pollito” dice el dicho “tanto peca el que mata la vaca, como el que le jala la pata”, y de un tiempo para acá, será más caro y seré subdesarrollado, pero yo compro lo que necesite sólo en “Albert Heijn”, porque también hay que saber reconocer cuando uno se equivoca .

Dedico esta edición a la memoria de “brunoferias.blogspot.com”, uno de los mejores “blogs” que he visto y que lamentablemente llegó a su fin. Amigo Bruno: ya nos comeremos un pollito, a chinga’, se me olvidaba que casi no comes carne; bueno, pues te lo cambio por un cafecito con licor de almendras”.

Y claro que también “apollo” la resistencia del pueblo palestino. Esos israelíes ya no saben con quién pelear, y todavía necesitan de un muro para lamentarse, deberían de buscarse un muro de la vergüenza o al menos un espejo, o de a perdida una tele, para que se den cuenta del absurdo de su conducta como nación.

martes, 6 de enero de 2009

Comida árabe para el alma



Tengo una tía, le dicen Agustina Almodóvar, alias “La agrado” y yo la quiero mucho.

Esta tía mía del amor vive en “Alcanfor de las Infantas” un pueblillo perdido en la memoria de algunos y que para efectos gráficos se parece mucho a una Puebla hipotética.

Ella, ya saben, multicultural, luchadora social del 68, cosmopolita, amiga de los animales, Hillary Swan, “Million Dollar Baby”, Javier Bardem, “Mar adentro”, sobreviviente del 85, melómana, adorada, casi santa, actriz consumada, Óscares, cantante nocturna, bailarina del aserejé; sueva como una gaviota pero felina como una leona; es descendiente de una familia de libaneses y muy “Chucha cuerera” pa’ eso de la comida árabe.

Que si el tabulé, que los dedos de hoja de parra, que si el jocoque, ya saben esas cosas que los musulmanes comen en el desierto a falta de variedad y agua pero que la “gente bien” de Veracruz come en “Los Cedros”, aunque para ser honestos la comida ahí no es muy buena, ¡vaya! las hojas de parra les quedan amargas.

Resulta que en “Alcanfor de las infantas”, donde las mujeres viven sin hombres y un viento frio las vuelve locas; hacen muchos dulces, mucha fritanga, mucha talavera –la mejor-, que la china poblana, que la “semita”, que el “chile en nogada”, pero sobre todo mucho pinche “taco árabe” mismo que ofende la carga genética/cultural de mi querida “tíaguada”, pero que la verdad es muy sabroso: grande, asado, lleno de carne, jugoso, son sus gotitas de limón, su cebolla asada y su salsa de chipotle bien picosa, buffffffff.

No quisiera contrariarla, Dios sabe que es mas domadora que Chela Lora y más cabrona que la Frida Kahlo de la “Salma”, pero el mundo es más pequeño de lo que creemos y la historia siempre varía dependiendo del cristal con que se mire y cuente.

Y pa’ mirar: la pinche talavera; que muy bonita, que muy poblana, que muy artesanal, que legado para la humanidad, de México para el mundo, ¡Bah!, un fiasco.



Llego yo, ya saben, inocente, virginal, inmaculado, Ewan McGregor en “Moulin Rouge!”, Abigail Breslin, “Little Miss Sunshine”, Hugo Sánchez: “Copa América, Olimpiadas, Mundial”. Amsterdam, muy bonito, muy frio, multicultural, cosmopolita, plurifuncional, mugroso, rio Amstel, canales hechos hielo, que las carreras de los 11 pueblos, cervezas, riquísimas.

Drogas, no gracias, sólo para la cara y eso cuando lo necesite. Miaderos públicos, vida carísima, coca cola 60 pesos, pollo rostizado, 600. Muesos por todas partes, Ana Frank, el sexo, el del Van Gogh y en medio de todo eso: El Rijsmuseum, el más imponente de todos.

Y como Pocahontas, aclaro la Malinche nunca llegó a Europa; yo, nuevo mundo, caleidoscópico, “colores en el viento: “¿qué será quiero saber, qué será quiero saber?, con emoción, rio abajo quiero ver, mi corazón no lo puede ver, que otra señal me dirá el camino, ¿qué seña?, quiero saber” y chíngaselo:

Que los holandeses y su compañía de “las indias orientales” dominaron el mundo en el siglo XVII, que fueron los primeros en mantener relaciones comerciales con china, que la gente rica se traía sus jarritas y sus vasitos de allá, que era azul porque el esmalte es de estaño, ahhh, que la gente de Delf dominó la técnica, mmm que los españoles le copiaron la técnica y abrieron su propio changarro en la ciudad de… talavera, tic tac, ahora comprendo la necedad de los poblanos por “enchinarse”, que fiasco.

De regreso a Kampen, con frio y hambre, y un poco de cruda; (pero de desvelo porque la noche anterior me fui a bailar con el güero, carísima la pinche discoteca y yo pagué, pero no me importa, porque ya se me estaban quemando las habas por gastarme las suelas de mis zapatos, ¡ayayayayyy!);

Caminamos por el centro con la esperanza de encontrar algo abierto pa’ poder tragar y justo cuando creí que todo estaba perdido; hice un hallazgo funesto que pone en tela de juicio el infranqueable respeto y devoción que le tengo a mi tía Agustina.

Así, cuando la medieval y fundamentalista comunidad de Overijsel yace inmóvil, la población árabe de Holanda, que es mucha, principalmente libaneses y turcos; abre sus negocios y brilla con esplendor, pues ellos al igual que los mexicanos saben que la vida afuera de esta “burbuja aria” está bien jodida y hay que talonearle, claro que esta costumbre tan salvaje de trabajar en domingo es muy mal vista por los rubios de estos lares.

Lo vi detrás del aparador, grande, caliente, quemado por el calor, chirriando y girando: un trompo de carne. Pero carne de adevis ¡no en salchicha! Como se comen todo por aquí.

Era un restaurante árabe con un chingo de musulmanes adentro, ahí si me comporté bien seriecito no vaya a ser que los cabrones me quisieran agarrar a “piedradas”; pero el hambre es cabrona y me metí a la boca del lobo motivado por el frenesí incontenible de mi gula casi lujuriosa por la carne a la que ellos llaman “kebab”.

Una familia de turcos atienden el lugar y preparan la comida, mi sorpresa fue mayúscula cuando ante mis ojos prepararon algo que creí inaudito, una tortilla, de harina pero al fin tortilla, le dicen “lahmacun”, y para ellos no es tortilla sino pan sin levadura; cuando está bien caliente le ponen una salsa picosa hecha de “aji”, que es como chile serrano seco, papas fritas, cebolla asada y queso de cabra, que es como nuestro queso fresco, claro aquí eso es de lo más exótico.

Que me perdone mi tiaguada pero si ese taco que me vendieron los árabes no es un taco árabe pos perdóname pero creo que has vivido equivoca, o al menos mal informa pues el taco árabe que tanto soslayas es tan árabe como el tabulé que tanto nos gusta.

Y aunque sé que en este momento te estás poniendo verde como “Regan” en “El exorcista”, pues resulta que la “semita” ¡también es árabe!, y es igual que la “sema” poblana.

El pan es el mismo aunque aquí le dicen “Pita o peta” y significa “pan plano”, la carne es “kebap”, en conjunto le dicen “döner kebab” pero llevan lo mismo: tomate, cebolla (morada) curtida, ensalada, chiles, o sea igual. ¡Aaaaaaaaaah! Y sabe rico. Me comí una ahí y me lleve un “lahmacun” a la casa.

En mi cocina le quite las papas fritas y le puse limón, sal, guacamole y una salsa molcajeteada, (esa es otra historia) Rob me regaño y me dijo qué que fea costumbre la mía de querer mexicanizar todo lo que me como, le convidé y después de un profundo suspiro y unos ojitos de huevo el cabrón me dijo: mmmmmm ¡Lekker! (sabroso).


Acto de contrición:

Fin de año, cena en Leiden (sur de Holanda) con franceses, y la comida mexicana sigue siendo “la vara”, ni modo, muy franceses, muy bien vestidos pero comen en la mesa, -sin platos- y sus quesos no son tan sabroso aunque ellos insisten que saben a gloria y mejor que los holandeses se equivocan.

La “margarita de mango” y el “guacamole”, los dejó sin palabras. La “botanita” de croquetas de papa los puso tan satisfechos que ya no pudieron apreciar su pescado a la “naranja”, (ese si estaba bueno no hay que ser ególatras ni nacionalistas, ya ven lo que le pasó a López Portillo y al rato ande llorando ¡como peeerro!).

Las doce de la noche, las campanas, las copas de vino y champagne, aquí no se dan abrazo, na’ mas brindan; empiezan los juegos pirotécnicos con un frio de menos 16 pero ya medio pedo ni hace falta el abrigo.

Una de las novedades de Leiden es que es uno de los pocos lugares que tienen su patio a orilla del rio Rin, y como me dijeron por ahí: Holanda es una postal; las iglesias, los canales, el rio completamente hecho hielo y todos esos efectos. Un espectáculo hermoso que dura poco más de una hora.

Primero de Enero de 2009, Nerdeland, claro muerta, esta gente prácticamente no se desvela, pero los franceses y yo tratamos de arreglárnoslas; claro sólo tratamos porque a medio día habíamos agotado todas las posibilidades y no nos quedó más remedio que ver la tele.

Mil canales después en la caja idiota vi a un niño meterse a una bodega de madera en la oscuridad de la noche y una mano larga y deformada aparece y le entrega un montón de lunetas, -¿es de terror?-, pregunta alguien, -¿¡o sea!?, ¡claro que no!, es E. T., ya saben: extraterrestre, hermoso, Drew Barrymore, Elliot, “E. T. Teléfono. Mi casa”- y ante la mirada de duda les quité el control remoto y en nombre de mi tía Agustina, acólita incondicional de la iglesia extraterrestiana, les dije: no vivieron una niñez plena si nunca vieron esta película, ¿Qué les enseñan en Europa?, pos estos.

Y así 2 holandeses, 5 franceses y un mexicano dimos la primera moqueada del 2009. Y es que cuando llega la nave espacial y Elliot le pide al bicho con cara de sapo que se quede y a éste se le prende el dedito, y la mamá se hinca y rompe en llanto, y la música de John Williams a todo lo que da, y el cuello de tortuga le responde: “estaré aquí mismo”, no hay alma que no se estruje.

Ya ves tíaguada cuanto te quiero que hasta te conseguí nuevos adeptos. Sé que el año anterior, bueno, los últimos años no te han tratado con gentileza, esperemos con toda la fuerza de mi corazón que éste te traiga mejores nuevas.

Por el momento ¡feliz cumpleaños! Que aunque no soy extraterrestre siempre estaré contigo cuando me necesites, aquí mismo, a prueba de naves especiales, de tacos árabes, de talavera mal expropiada y de holandeses.

Feliz año 2009 para todos, con cariño: René


(Miii casa!!!!!)