
Soy... Asesino
Había algo que especialmente me causaba una risa absurda en su programa “Derbez en cuando”: la gallina que salía en cada cortinilla y que cacareaba toda asustada aunque seguramente el sonido ya estaba grabado.
Hay como extraño ese pollo… me acuerdo de… me acuerdo de… Ah sí, me acuerdo del pollo. Si del pollo rostizado que compraba en “Miguel Ángel de Quevedo” esquina “Juárez” cuando no quería guisar o no tenía tiempo. Y qué pollo: enchilado, con su arroz rojo con menudencias, su salsa cruda que estaba en su punto, sus tortillitas y su Coca colota de dos litros y todo por setenta y tantos pesos. Claro que hay más baratos pero el precio lo vale en calidad y cantidad.
Ah como extraño el pollo, porque aquí en los Países Bajos no comen pollo, y no crean que pasó por la gripe aviar, no lo comen porque está muy caro, y como el dinero no llueve en México yo “por supollo” he renunciado a él.
La costumbre es otro factor determinante, lo saben comer claro, pero no lo saben guisar y pos mal hecho ni se antoja.
Tan desacostumbrados están al pollo que cuando lo compran simplemente no soportan la idea: 1, de comérselo con las manos y 2, de que tenga huesos.
Anécdotas hay muchas pero el colmo lo viví un día que tuvimos que comprar comida en el “Snackbar” donde venden “bocadillos”, todos fritos, y donde las reinas siempre son y serán las papas.
Yo entiendo que las madres de acá estén más emancipadas, que a comparación de las de allá, pues estas todavía se pueden dar el lujo de parir un manojo de hijos, tener una carrera, esposo, ir a la iglesia, hacer caridad, tener visitas sociales y tiempo para tener jardines perfectos sin recurrir nunca a ese ejemplar del esclavismo mexicano que tenemos a bien llamar “la muchacha”, pero de ser moderno a ser huevón a una línea muy delgada. Ahora que ser hipócrita es algo que no se debe tolerar ni en México ni en donde sea.
Y hablando de hipócritas tenemos al Rob, quien siempre va de compras a un lugar que se llama “Albert Heijn” y que queda cerca de la casa, aunque los días que estoy con su mamá voy a otros que son infinitamente más baratos, digo yo, cada quien sus filias y si este cabrón se quiere gastar su salario ahí pues muy su lana, yo, mis centavos, tercermundista, endeudadísimo, prefiero ir al C1000.

Un día Rob y yo tuvimos un conflicto aviario, y es que el sólo compra “productos biológicos”, no siempre, a veces le gana su lado holandés; la cosa comenzó cuando me pidió ir por los huevos, pos yo agarré los que consideré más baratos, pero Rob me los cambió por que él sólo come huevos que vienen de gallinas que andan sueltas y no enjauladas.
El asunto de los “huevos de oro” llegó hasta la fiesta de cumpleaños de Wilfried; la casa llena de amigos y familiares y nosotros exponiendo el caso, yo le dije:

Claro que todo este discurso filosófico fue acompañado de la fono/mímica correspondiente, así que cuando llegó la parte del ataque coronario de la gallina me suelto un ganillazo al más puro estilo de Eugenio Derbez que fue la delicia de Los Brink y sus agregados; de hecho cuando alguno me ve no falta quien me haga: BUUH, acto seguido debo repetir la rutina para no contrariar a los güeros que para ellos más que un libre pensador radical de izquierda moderada soy un comediante, ironías de la vida.
Ya en la casa Rob me dijo: “ríete todo lo que quieras, tu y mi familia, pero te voy a aclarar una cosa; los holandeses son y siempre han sido abusivos, lo quieren todo, lo quieren rápido y lo quieren barato y si no es en sus términos no les interesa”.
“Eso provoca que compremos productos baratos que vienen de lugares donde la gente es pobre y trabaja en condiciones deplorables por unas cuantas monedas. ‘Albert Heijn’ es más caro, es cierto, pero es la única compañía que asegura que los productos fueron procesados en lugares donde no se abusaron los derechos de la personas y recibieron un pago justo por su trabajo”.
“Y sobre los productos biológicos, es cierto, uno sigue comiendo carne pero eso no significa que no me interese que los animales tuvieron que viajar desde África, sin espacio ni oxigeno, asustadas y con las patas y el lomo rotos por las condiciones en las que fueron transportadas”.
“Yo puedo comprar esa carne más barata pero a ver si tú te puedes callar la boca cada vez que está oscuro y empiezas un griterío porque un carro atropelló un conejo o un pato en la carretera”.
Y así bajita la mano el werocomemole me dejó quieto, callado y de perfil y que me cierra el “piquito de pollo”. Así es damas y caballeros, porque desde que era un “pollito” dice el dicho “tanto peca el que mata la vaca, como el que le jala la pata”, y de un tiempo para acá, será más caro y seré subdesarrollado, pero yo compro lo que necesite sólo en “Albert Heijn”, porque también hay que saber reconocer cuando uno se equivoca .
Dedico esta edición a la memoria de “brunoferias.blogspot.com”, uno de los mejores “blogs” que he visto y que lamentablemente llegó a su fin. Amigo Bruno: ya nos comeremos un pollito, a chinga’, se me olvidaba que casi no comes carne; bueno, pues te lo cambio por un cafecito con licor de almendras”.
Y claro que también “apollo” la resistencia del pueblo palestino. Esos israelíes ya no saben con quién pelear, y todavía necesitan de un muro para lamentarse, deberían de buscarse un muro de la vergüenza o al menos un espejo, o de a perdida una tele, para que se den cuenta del absurdo de su conducta como nación.
